Parece ser que existen diferentes tipos de personas que podemos agrupar en tres grandes grupos: los que se encuentran a favor de la tauromaquia, los que se posicionan en contra y a los que realmente les da igual que exista o no.

PERO, ¿QUÉ ES LA TAUROMAQUIA?

Muchas personas lo consideran un arte con requiere un elevado nivel de técnica, mientras que otras se decantan más por definirlo como una tortura hacia los toros. Si nuestra intención es denominarlo desde un punto de vista neutral, quizá lo más acertado sería aceptar el concepto como simplemente la acción de torear y/o lidiar con toros tanto a pie como a caballo.

ALGUNOS DATOS ACERCA DE LA TAUROMAQUIA

Cada año, en España el Gobierno financia con más de 600 millones de euros las corridas de toros. Si bien es cierto que en la Comunidad Autónoma de Cataluña esta práctica fue abolida con una ley aprobada en 2010, muchas otras partes del país se encuentran totalmente en desacuerdo con su decisión y  defienden fielmente la tauromaquia aunque actualmente su popularidad esté sufriendo un claro descenso, pues en la última década, los festejos taurinos en plaza han descendido un 58%, pasando de 3.651 en 2007 a 1.553 en 2017.

También en los últimos tiempos se ha incrementado la creación de partidos políticos y asociaciones en contra de esta práctica que denuncian el maltrato animal. Más aún, se sospecha que cada vez existe menos afición por parte de los jóvenes, que podría conllevar en un futuro próximo su inevitable desaparición, ya que se ha registrado que la edad media de los aficionados que acudieron a espectáculos de corridas en 2014 se sitúa entre los 55 y los 74 años de edad.

HISTORIA DE LA TAUROMAQUIA

Se conoce que desde el paleolítico el ser humano ya cazaba toros (hecho que se ve reflejado en numerosas pinturas rupestres de la época, donde aparecen retratados una o varias personas atacando con lanzas al  toro (no como el que conocemos hoy en día, desde luego, sino la especie silvestre de aquella época). Procedió a ser domesticado en el período neolítico, cuando se utilizaba como el animal para el arado y recurso cárnico.

Ya en el Imperio Romano, existían unos espectáculos denominados venerationes, en las que luchaban animales contra animales, hombres contra hombres, hombres contra animales y las mujeres eran lanzadas a las fieras a modo de castigo. El único objetivo de las venerationes consistía en entretener. Por supuesto el principal animal que se utilizaba para este fin era el toro. Por otro lado, la mayoría de los luchadores eran condenados a muerte, prisioneros de guerra, desertores del ejército, esclavos o voluntarios de clase humilde atraí­dos por la posibilidad de dejar su condición de pobres, debido a que los combatientes que se alzaban victoriosos eran aclamados por el pueblo y gozaban de popularidad.

La tradición de correr a los toros, tal y como ya se llamaba en el siglo XIII, se llevaba a cabo para festejar bodas, coronaciones, bautizos, victorias en batallas, homenajes fúnebres, canonización de santos, en otras cosas. Este entretenimiento era practicado a caballo por la nobleza y a pie por el pueblo llano. Otro ejemplo es el juego de toros y cañas, que consistía en soltar un determinado número de toros que eran perseguidos por un grupo de jinetes que les clavaban lanzas, espadas y flechas. Al llegar el siglo XIX, en España comienza una época puramente taurina.

Llegados a este punto, el torero que ha obtenido fama entre el pueblo es recibido en las cortes del rey como un héroe. El rey Fernando VII cerró la Universidad y abrió las escuelas de tauromaquia, desde donde se promocionó y normalizó la tauromaquia tal y como hoy la conocemos.

Cabe decir que estas prácticas no siempre han sido exclusivas de España, por ejemplo en Inglaterra eran frecuentes peleas entre perros y toros, prohibidas desde 1824, pero sí se considera dicho país como su principal representante a nivel mundial (hecho claramente visible, en todas las carreteras nacionales se ven multitud de figuras de toros a los lados, por lo hablar de todas las tiendas de souvenirs del país en el que, junto con la figura de la flamenca, es el más visto).

¿CÓMO ES UNA CORRIDA DE TOROS?

Una corrida comienza con el paseíllo, cuando todo el mundo implicado en dicha corrida entra al ruedo y se presentan al presidente y al público. Seguidamente, dos alguacilillos a caballo miran a la presidencia y simbólicamente piden la llave de la puerta tras puerta la cual los toros esperan. Al abrir la puerta, el primer toro entra y el espectáculo comienza. El espectáculo se divide en tres partes llamadas tercios, cuya separación se señala con un toque de clarines, y dos suertes (de capote y de muleta).

El primer tercio (tercio de varas) es realizado por un torero con el capote, una gran capa rosada en un lado y amarilla por el otro (típica imagen que todos tenemos en la cabeza con respecto al toreo). A la vez que esto sucede, el toro recibe una serie de golpes en una zona abultada entre la nuca y el lomo por parte del picador, cuya finalidad es medir la bravura del toro y dosificar su fuerza para la posterior faena del matador. En el segundo tercio (tercio de banderillas), tres banderilleros deben conseguir clavar un par de banderillas en el lomo del toro.

La función de este proceso es avivar al animal. En el último tercio (tercio de muerte), el torero usa una pequeña tela roja que cuelga de un palo, momento en el que tiene que mostrar su “maestría para dominar al toro”. La corrida finaliza cuando el torero mata al animal con un estoque. La estocada perfecta corta la aorta, provocando la muerte instantánea del animal. En caso de no ser así, se procede a ejecutar el golpe de gracia en la nuca. Dependiendo de cómo se haya realizado este último paso, se otorgan trofeos como las orejas y el rabo del toro.

¿ALTERNATIVAS A LA TAUROMAQUIA?

Parece ser que era la principal fuente de entretenimiento durante la Edad Media. Sin embargo, en pleno siglo XXI contamos con multitud de opciones para divertirnos y pasar el rato que no implican sufrimiento ajeno. Podemos conservar la especie de toro de lidia sin necesidad de matar a sus ejemplares posteriormente.

En cuanto a los puestos de trabajo, no es necesario eliminar por completo un espectáculo basado en los toros, simplemente no herirlos y mucho menos matarlos. Un buen ejemplo de ello puede ser la existencia de recortadores, personas que esquivan al toro, ya sea saltando, corriendo o escondiéndose tras una barrera, pero en ningún momento llegan a tocarlo ni herirlo.  

VENTAJAS

Los toros forman parte tanto de la cultura como de la industria turística española.

Creación de empleo: el toreo mueve cada año varios miles de euros. Las familias que dependen de la tauromaquia abarcan desde criaderos, veterinarios, empresarios, toreros, personal de mantenimiento de los ruedos, ambulancias, transporte de novillos, etcétera.

Los toros bravos son criados exclusivamente con el objetivo de ser utilizados en las corridas de toros, ya sea dentro de una plaza o en fiestas locales, donde corren por todo el pueblo o ciudad (como la fiesta de San Fermines o el Toro de la Vega). Sin la existencia de la tauromaquia, la especie podría extinguirse. Aunque es cierto que se han propuesto algunas soluciones contra esto, como la creación de reservas naturales en las propias dehesas donde se crían actualmente a estos animales con el fin de realizar turismo y proporcionar una vida plena a estos animales.

El toro de lidia ocupa más de 500.000 hectáreas de dehesa, por lo que es el mejor protector de la dehesa ibérica debido a que convive en completo equilibrio y armonía con la flora y fauna autóctonas.

la tauromaquia es una de las prácticas que más controversia ha creado en los últimos años

DESVENTAJAS

Estos espectáculos y el resto de festejos taurinos implican maltrato animal, pues los animales que participan en ellos son privados de libertad, obligados a realizar comportamientos antinaturales, sometidos a situaciones estresantes así como a temperaturas extremas, hecho que les conduce en muchos casos directamente a la muerte.

No se trata de una situación igualitaria: antes de salir al ruedo, los toros son debilitados mediante el uso de sustancias químicas y desorientados en lugares oscuros y cerrados, lo que les provoca, al salir, una sensación cegadora al ponerse sus ojos de repente en contacto con la luz del sol. Además, no olvidemos que el torero siempre cuenta con banderillas y otros artilugios para atacar al animal.

El hecho de que se trate de una tradición no justifica que se siga llevando a cabo esta práctica. Al igual que muchas otras tradiciones ya olvidadas atenta contra los derechos de un ser vivo.

¿Eres fan de los espectáculos con toros o estás en contra de esta tradición milenaria? Comparte posición en los comentarios